Mujeres: Marina SanMartin Pla


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Reconozco que acudo nerviosa a la cita con Marina SanMartin Pla. Es una escritora de recorrido. También trabaja en el departamento de Comunicación de las tiendas Fnac Madrid. Ahí fue donde la conocí, haciendo de maestra de ceremonias de la presentación de una colección.

Marina encaja a la perfección en esta sección del blog de Sílex ediciones. Es una mujer que tiene que compaginar su profesión de periodista con la de escritora, aunque si tiene que hacer sacrificios, los hace, en beneficio de su obra. Eso sí, no piensa dejar a la fallera cósmica. En 2010 se falló el premio al mejor blog que está enlazado en Papeles Perdidos (El País) y ella estaba allí. Le proporciona infinitas satisfacciones.

Comenzamos hablando de su libro, El amor que nos vuelve la foto 1[1]malvados, de la importancia del pronombre relativo de sujeto porque, como afirma la autora, “hay muchas clases de amor”.

Siempre lee en voz alta al finalizar el día. Así eres consciente de lo que estás leyendo. Considera fundamental que el texto fluya. Quiere escribir de manera que el lector, tras la lectura, tenga ganas de regalarle su libro a alguien.

Considera que esta novela es un paso más. “Un paso más”, recalca.

Tiene una voz de lluvia fina caer en este Madrid de novela primaveral con esquinas rotas (homenaje a mi querido Benedetti). Da gusto escucharla hablar de la comunicación tan fluida que tiene con sus editores, tanto en Eutelequia (La clave está en Turgueniev) como en Principal de los Libros donde ha publicado la novela que durante un tiempo me quitó el sueño.

Ahora ya está pensando en la siguiente. Pero no vayamos tan deprisa. Ahora nos ocupa El amor que nos vuelve malvados, que firmará en la caseta de la Fnac (204 y 205) el viernes 30 de mayo de 19:00 a 21:00 y el domingo 1 de junio en la de Principal de los Libros (285) de 12:00 a 14:00.

Antes de pasar a hacerle el Cuestionario Tippi (el mismo que le formularon a la famosa actriz en The Guardian) hablamos de la luz que persigue a todos los personajes y de sus sombras. Todos los personajes tienen una dualidad. Charlamos de sus miserias y grandezas, de sus traumas.

“En la vida real nuestro trauma viaja con nosotros, por suerte, a lo largo de la vida lo vamos cambiando, pero los personajes de la novela están marcados por un único trauma que los destroza”. “Yo no me invento a los personajes”, continúa, “no tengo que viajar en el tiempo. Utilizo a «todos»”. Y termina: “La vida del autor tiene que ser literaria. En la normalidad hay muchas cosas que brillan”.

No dibuja a los personajes antes de escribir la novela. Le gusta sorprenderse mientras escribe. Los personajes secundarios; los consortes, son los verdaderamente importantes. La asistenta es la única que conoce la realidad de Eduardo.

Eduardo es el marido de Sara, aparentemente la protagonista de la obra o, al menos, en torno a la que orbita la trama desde un principio. La mirada de Marina se congela al describir la mirada de Sara viendo pasar el cadáver de Irene Lorán.

Revela que el doctor es un trasunto de un personaje real. El proceso de creación ha sido muy intenso, por eso ya quiere dejar El amor que nos vuelve malvados atrás y sumergirse en otra trama. “Todos los personajes tienen su propia obsesión; cada uno persigue al otro, excepto Eduardo, a quien nadie le persigue”. Me quedo pensando en él, un personaje que me fascinó desde el comienzo, a quien el amor le volvió perverso. Un hombre corriente, víctima del amor lacerante.

Incluyes varios géneros en tu libro, utilizas una estructura como de muñecas rusas que me recordó enormemente a una Karen Blixen del siglo XXI. Parece que te sientes cómoda en este registro, ¿te gusta en otras novelas?

Sí, la novela es un puzzle deshecho. Lo que busco en una novela es: uno, mantener el interés del lector y dos, algo fundamental, no defraudar al lector. Por eso dosifica los temas, despierta incógnitas que luego ella tiene que saber resolver; es decir, engancha al lector y luego evita decepcionarlo.

¿Crees en la literatura de género?

Lo cierto es que esa diferencia entre la literatura escrita por hombres o por mujeres ha existido siempre en la literatura. Lo importante es que la mirada sea diferente. Que quien te cuente algo sea capaz de poner la mirada donde nadie la haya puesto antes.

Está claro que el faro guía (Sara) es un personaje femenino como lo fue Eli en La clave está en Turgueniev.

Yo tengo que situar mi mirada al escribir la historia –prosigue– es como si me preguntara: ¿dónde me voy a sentar para contar esta historia? Como en el cine.

Su mirada es azul como debe de ser su mar de Valencia que yo no conozco. Pero más que el azul de sus ojos, destacan sus palabras. Doy fe de que su novela es tan absorbente como sus personajes pero a lo largo de la entrevista lo que hipnotiza es la cadencia melosa de sus palabras. Su discurso se desovilla como las notas de una balada en el Sad Café. Durante hora y media sus respuestas se convierten en la banda sonora de La Vaquería.

¿Cuál es tu novela de referencia?

El mar, el mar de Iris Murdoch. Ella cree en las novelas de trama, como las que construía la autora. La novela actual está sobrevalorada.

¿Crees que se puede hablar de una generación de novelistas como Coradino Vegas, Recaredo Veredas, Elvira Navarro, Lara Moreno… tú?

Sí –aclara– pero todavía no se ha escrito la novela en torno a la que se estructura esa generación. Dice Elvira que para evaluar algo hay que distanciarse. No se sabrá si esa generación es brillante hasta que pase el tiempo. Yo veo que hay un caldo de cultivo, pero hay que demostrarlo. Hay destellos, pero necesito confirmaciones.

Me habla de la novela actual, “por ejemplo, de Eloy Tizón, que es un creador de imágenes y sensaciones complejas. “Si ahora escribiera una novela”, confiesa, “sería la primera en comprarla”. Insiste en que “son necesarias las novelas de lo cotidiano”. Hablamos de Intemperie, de Jesús Carrasco, y de Es un decir, de Jenn Díaz. Los admira a los dos, pero reconoce que no sabe hacer lo que hacen ellos, no se traslada a otro tiempo ni a un espacio diferente al suyo en sus historias. Se pregunta por qué los tiempos vacíos o de calma son menos contables.

¿Qué echas de menos de tu etapa como librera?

Muchas cosas: “Teníamos muchas cosas en común, hacíamos todos juntos, éramos amigos en torno a los libros; es lo que echo de menos, el contacto directo con el libro. Aunque lo sigo teniendo de algún modo a través de las presentaciones.

¿Tiene futuro el ensayo?

Sí, es una consecuencia del libro digital. El libro en papel no va a desaparecer como objeto. Se va a retomar el control del libro. El efecto de leer y de escuchar música son muy diferentes. La cuestión es que se debería publicar menos y trabajar más los libros.

 

Y ahora vayamos con el Cuestionario Tippi.

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¿Cuál es tu primer recuerdo?

Cuando en 3.º de EGB casi me ahogo en la playa y me salvó mi padre, que no sabe nadar, pero bajaba a la playa en ese momento, dio la voz de alarma y me sacaron. Probablemente tenía 8 años, sí.

¿Cuál es el rasgo de tu carácter que más deploras?

La intolerancia. No tengo un solo prejuicio, yo muy poquitas veces llego a ser intolerante, solo cuando quiero hacer algo y no me lo ponen a mi alcance. Bueno, más que intolerante soy impaciente. El otro día, por ejemplo, iba con una amiga, Raquel y como llevaba a su perro no nos dejaron entrar en ningún restaurante. Y yo me impacienté mucho.

¿Cuál es el rasgo que más deploras en el carácter de los demás?

No me gusta la gente que intenta aparentar lo que no es. Probablemente se deba a la inseguridad, pero de entrada no me gusta.

 ¿Qué es lo que más te gusta de tu carácter?

Lo que más me gusta es que no tengo prejuicios. Que soy sociable.

¿Cuál ha sido el momento más embarazoso de tu carrera? ¿Y el más bonito?

No recuerdo un momento personal embarazoso o de malestar profundo. El más bonito… mi carrera es lo más importante, aunque me cuesta decir: “Soy escritora”. No es un oficio ni un una rutina, sino que escribo cuando lo necesito. Me encantaría vivir de la literatura pero tiene un peligro muy grande que es escribir lo que no quieres.

¿Cuál es tu posesión más querida?

Una lámpara de cristales de colores con forma de tortuga que me regalaron los reyes. Me pareció horrible entonces y ahora, sin embargo, está en mi mesita de noche. ¡Y ha sobrevivido a todas las mudanzas!

¿Dónde te gustaría vivir?

Tengo la suerte de vivir donde quiero, pero si tuviera que elegir, sería cerca del mar en Valencia o en Castellón.

¿Qué es lo que menos te gusta de tu físico?

Las uñas porque me las muerdo y por eso nunca llevo anillos.

¿Cuál es tu olor favorito?

No me gustan los olores. Me gusta que no huela a nada. El olor de algunos hombres, porque así les reconozco, por su olor.

¿Cuál es tu palabra favorita?

No lo sé. No tengo una palabra favorita, pero soy una defensora de los adverbios acabados en “mente” –afirma, con contundencia–. Una cosa es un relato y otra una novela, claro, pero los adverbios acabados en “mente”, sin abusar, te dan una cadencia.

¿Qué disfraz elegirías para Carnaval?

La Reina de Corazones, de Alicia.

¿Qué es lo peor que te han dicho nunca?

Nada, prefiero no decirlo, “prefiero no hacerlo”.

¿Es mejor dar o recibir?

Me gusta más recibir, pero disfruto más en la entrega. Pero sí, me encanta recibir: regalos, que me quieran. Son las dos caras de una moneda. No hay una cosa sin la otra. Lo peor es dar sin querer. La caridad impostada no funciona.

¿Qué les debes a tus padres?

Se lo debo todo. A mis padres y a mis hermanos porque creo que me han entendido muy bien, incluso cuando no me han entendido, me han respetado.

¿A quién te gustaría pedirle perdón y por qué?

Ya se lo he pedido… por haberlo utilizado.

¿Cuál ha sido el beso de tu vida?

El beso de mi vida. El último beso de mi vida, recalca, fue en la calle Princesa después de salir del cine. El último que merece la pena recordar –se molesta en enfatizar–. Ha habido otros después, pero no han sido como ese.

¿Cuál ha sido tu mayor decepción?

Nunca he tenido una gran decepción y si la ha habido, afortunadamente siempre me he repuesto.

Si pudieras editar el pasado, ¿qué cambiarías?

Me lanzaría a la piscina que es lo que voy a hacer a partir de ahora en general.

Si pudieras viajar en el tiempo, ¿dónde irías?

Creo que iría al Hollywood de los cincuenta o los sesenta o, si no –contesta sin vacilar– a la época de Miguel Ángel.

¿Cuándo has estado más cerca de la muerte?

Cuando casi me ahogo. Bueno, y hace medio año, cuando un señor que pesaba casi 200 kilos se cayó por las escaleras mecánicas del metro. Formó un gran tapón. Todos los demás viajeros se caían encima de él y podría haber pasado algo serio. Menos mal que me rescató un amigo.

¿Una sola cosa que mejoraría tu vida?

La parte sentimental. La resolvería de una vez.

¿Cuál es la lección más importante que te ha enseñado la vida?

Que nada es definitivo. Por muy hundido que puedas estar, las cosas se pasan. Todo pasa. (Aclaro que lo dice sin un ápice de melancolía, soy yo la que me pongo amarga.)

Cuéntanos algo divertido.

Después de esta entrevista tan intensa… me resulta difícil.

 

Y nos emplazamos para la siguiente novela. Deseo que sea pronto para volver a navegar por el azul de sus palabras.

 Cristina Pineda

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