Un torneo interminable

Fernando Castillo Cáceres (Madrid, 1953) es el un-torneo-interminable-autor de un libro que leo con sumoplacer, titulado Un torneo interminable. Han transcurrido ya unos meses de su publicación, y descubro con deleite párrafos de inmensa belleza, lo cual no deja de ser paradójico con el tema central de la guerra, eje en torno al que orbita todo el texto. La trama se desarrolla en Castilla en el siglo xv, como nos indica el subtítulo.

Durante el reinado de los Reyes Católicos los enfrentamientos fueron constantes, nos cuenta el autor, “hasta el extremo de que apenas existieron periodos en los cuales el reino no estuviera comprometido en alguna empresa bélica”. Hay todo un capítulo dedicado a la guerra y al ejército durante el reinado de los Reyes Católicos por la atención por la historia militar y por constituir el origen del ejército español así como del actual estado nación.

He comenzado por el final pero la descripción del conflicto bélico jalona este novedoso ensayo de Castillo Cáceres. Un primer capítulo se refiere al ejército y a la guerra más allá del ámbito castellano. El segundo capítulo estudia el fenómeno de los mercenarios extranjeros en la Castilla del siglo xv. El tercero desentraña la primera batalla de Olmedo (1445) que enfrentó a las tropas castellanas de Juan II a una coalición navarro aragonesa dirigidas por los infantes de Aragón. El cuarto capítulo aborda la realidad de la guerra en el conflicto castellano desde una perspectiva multidisciplinar, algo inusitado. Nunca antes u autor había “diseccionado” o “deconstruido” con un trasfondo histórico las Coplas de la Panadera en las que un anónimo autor retrató con “una mirada descarnada”  los principales personajes del reino que participaron en la guerra civil castellana entre los infantes de Aragón, apoyados por una facción de la nobleza castellana y el binomio formado por el rey Juan II y Álvaro de Luna, respaldados por el príncipe Enrique IV y algunos linajes. El quinto capítulo se desarrolla en la frontera granadina y el sexto cuenta la segunda batalla de Olmedo que enfrentó a los partidarios de Enrique IV con los de su hermano Alfonso, aspirante al trono.

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El ejército fue en el cuatrocientos una institución imprescindible que Castillo Cáceres convierte en el objetivo de su análisis. Cuando Isabel la Católica llegó al trono castellano lo hizo en un contexto de enfrentamiento extremo de tal manera que su proclamación como reina supuso la inmediata declaración de guerra de una parte de la nobleza de Castilla que, con el apoyo de Alfonso V de Portugal, casado con la famosa Beltraneja, “se lanzó a los campos castellanos para arrebatar el trono a la nueva reina”.

Lo que atrajo a Castillo Cáceres tanto como a nosotros es la asombrosa reacción de Isabel y de su marido Fernando convirtiendo sus originarios y limitados recursos militares en un ejército que terminó por encumbrar a la monarquía castellana a lo más alto del poder, lo que permitió a Castilla ser el centro político “alrededor del cual se había de producir la unificación peninsular y el que iba a protagonizar una espectacular expansión exterior en las siguientes décadas”.

Desde estas líneas os animo a que os suméis a su lectura, ahora que comienza el otoño y las huestes de los Católicos avanzan por las pantallas de cristal líquido de nuestros hogares.

Cristina Pineda

 

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