Querido Julio:

El pasado 2 de abril, en la Librería Rafael Alberti, se presentó la biografía de Julio Cortazar escrita por Raquel Arias Careaga. A la presentación acudieron Teodosio Fernández (catedrático de Literatura Hispanoamericana, de la Universidad Autónoma de Madrid), Alicia Martínez Martínez (profesora de Literatura), Raquel Arias Careaga (autora del libro), José Luis Ibáñez Salas (director de la colección Biografías) y Ramiro Domínguez (director de Sílex ediciones).

En otras ocasiones solemos hacer una pequeña crónica sobre el acto para contagiaros el ambiente, mostraros la atmósfera de la presentación e invitaros a la lectura del libro, pero esta vez no. Únicamente os dejaré las palabras que nos ofreció Alicia Martínez Martínez. Para ser sinceros, dudamos que podamos hacerlo mejor.

 

Querido Julio:

[…] tú sabés (no escribiré “tú sabías”; a los dos nos gustó siempre transgredir los tiempos verbales, justa manera de poner en crisis ese otro tiempo que nos hostiga con calendarios y relojes), tú sabés que los prólogos a las ediciones de obras completas o antológicas visten casi siempre el traje negro y la corbata de las disertaciones magistrales, y eso nos gusta poquísimo a los que preferimos leer cuentos o contar historias o caminar por la ciudad entre dos tragos de vino. Descuento que esta edición de tus obras contará con los aportes críticos necesarios; por mi parte prefiero decirles a quienes entren por estas páginas lo que Antón Webern le decía a un discípulo: “Cuando tenga que dar una conferencia, no diga nada teórico sino más bien que ama la música” 

(Julio Cortázar, Carta en mano propia).

 

Querido Julio, supongo que te habrá sorprendido escuchar lo que escribiste como prólogo a los cuentos de Felisberto Hernández hace muchos años. Espero que no te haya molestado que haya utilizado tus palabras, pero es que son idóneas para decirte lo que decirte preciso… Querido Julio, te escribo desde un tiempo en el que nos resultas más necesario que nunca y lo hago con una hermosa noticia. El próximo 26 de agosto cumplirás cien años y, para celebrarlo, Raquel Arias Careaga ha conseguido abrir una grieta de verdad en la oscuridad oficialista y publicar una biografía tuya que nos consuela e incita.

Te iba a decir que Raquel es profesora de literatura hispanoamericana y una brillante investigadora cuando he oído tu risa, triste y sarcástica. Perdón por haber utilizado una plantilla, una frase hecha. Te diré que amo la música. ¿Quién es Raquel? Raquel Arias es una cronopia de vocación que trabaja, como todos (los que trabajamos) a tiempo parcial como fama… Y fíjate (fijate, Julio) cómo marca Raquel la diferencia entre cronopio y fama: «Cortázar […] se identifica con los cronopios, rechazando las preocupaciones representadas por los famas, dignos ejemplares de la burguesía bien instalada, del orden y de la razón como arma esencial de acercamiento a la realidad».

Como a ti, a Raquel le sale lo cronopio por los ojos y la pluma. Y todos sabemos que (utilizo tus palabras): «No es fácil ser cronopio. Lo sé por razones profundas, por haber tratado de serlo a lo largo de mi vida; conozco los fracasos, las renuncias y las traiciones. Ser fama o esperanza es simple, basta con dejarse ir y la vida hace el resto. Ser cronopio es contrapelo, contraluz, contranovela, contradanza, contratodo, contrabajo, contrafagote, contra y recontra cada día contra cada cosa que los demás aceptan y que tiene fuerza de ley». Y, claro, ahí te quiero ver porque eso tiene que reflejarse en la forma de escribir. Hace tiempo se sumergió en ti, en tu obra, llevó adelante y defendió una tesis sobre tu obra y quedó atrapada para siempre en lo cortazariano. No se sale indemne de Julio Cortázar; su lectura exige tomar partido. Y eso, como bien sabes, tiene siempre sus consecuencias…

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Es importante decirte esto no por curriculum sino para dejar claro que este libro es un acto de amor y esperanza. Te decía al principio que este siglo no es como lo esperábamos, no es como lo luchaste… Pero, aun así, algunos resisten y lo hacen de la forma que mejor saben… Imagínate que todavía hay quien tiene fe en la literatura y sus meandros (editores, libreros…).

Con el libro de Raquel he aprendido a saberte vulnerable, inseguro de a ratos, distante en ocasiones… Siempre te he considerado como un autor nacido latinoamericano y todo lo que eso conlleva (tu obligado exilio en París, por ejemplo) y, sin embargo, de repente te me presentas como defensor y reivindicador de la cultura europea… Así comienza la historia: El escritor argentino que nació en Europa y El escritor argentino que volvió a Europa. Tal vez, pienso ahora, algunas (personas) te tenemos siempre presente porque establecemos contigo una relación tan profunda que es meramente intelectual aunque nos engañemos pensando que queremos tanto a Julio… Me estoy liando un poco, te lo diré con las palabras de Raquel (pág. 30): «[…] a Cortázar no le interesan ya desde sus primera juventud las relaciones superficiales o frívolas. Cuando establece una amistad con alguien, es siempre fruto de una conexión relacionada con una comunidad de intereses intelectuales.». Y a ver quién dice que esto no es amor…

Entre los pasajes europeizantes e individualistas aparece muy pronto (de hecho, en la pág. 47) tu más profunda piel, el camino que abonarás desde ahí hasta el día que decidiste hacerte invisible… Así lo cuenta Raquel: «Si su paso por Bolívar y Chivilcoy le había servido para conocer una Argentina inimaginable desde la capital, su paso por Mendoza le introducirá de lleno en la necesidad de tomar partido y defender una postura que va más allá de lo profesional» y un poco más adelante (pág. 52): «en Mendoza sí se produce la definitiva transformación de Julio Cortázar, el nacimiento de un hombre que tiene cada vez más claro su camino». Se refiere a tu camino personal, que es político, pero también al itinerario de tu literatura: «Cortázar también persigue algo que ya nunca le abandonará: enfrentar al lector a una historia que contradice su visión del mundo y la tradición cultural asumida» (pág. 56)

Te confieso aquí entre nos que nunca me habían interesado demasiado las relaciones entre escritores y, sin embargo, en esta ocasión me ha gustado saber de tu respeto hacia Lezama, de tus contactos con María Zambrano (151), los motivos del desacuerdo con Vargas Llosa, tu enfrentamiento con Ernesto Sábato (262), tu amistad para siempre con García Márquez, Mario Benedetti, Cristina Peri Rossi, Alejandra Pizarnik o Eduardo Galeano. Pero también he tenido que encajar (¡qué remedio!) tu opinión sobre Manuel Mujica Lainez, que te recuerdo: «A propósito de las palabras de Manuel Mujica Lainez te diré solamente esto: es un hijo de puta y un envidioso de mierda» o el distanciamiento con autores como José Donoso (167), Jorge Edwards o la terrible historia con José María Arguedas. Raquel analiza estas fobias y filias y aventura una hipótesis: «Cortázar mantuvo una amistad sólida con escritores […] [que] provienen como él mismo de una clase media que había tenido que luchar mucho para lograr alcanzar el estatus de escritor. Sin duda, el nexo de unión con todos ellos no es solo un origen más o menos similar, sino también su compromiso y su activa participación en la política progresista o claramente izquierdista y comunista en algunos casos ante la situación de opresión de las dictaduras latinoamericanas. Sin embargo, sus amigos escritores provenientes de la alta burguesía, muchos de ellos diplomáticos, acabaron distanciándose de un hombre cada vez más decidido en su compromiso con los menos favorecidos» (167-168). Se puede estar en desacuerdo contigo, pero lo que nadie puede negarte es una coherencia a prueba de bomba…

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También he saboreado las palabras que Raquel dedica, con todo respeto, a tus relaciones amorosas; a las mujeres con las que te casaste, Aurora [Bernárdez] y Carol [Dunlop]), pero también he sabido de tus etapas promiscuas y de tus crisis de olvido alcohólicas como nos puede suceder a cualquiera de los mortales…

Todo lo anterior confluye y se amalgama en la tercera parte del libro, titulada El escritor que eligió ser latinoamericano. El itinerario que vamos viendo que te construyes, tus continuas tomas de postura ante asuntos como Mayo del 68, la Revolución cubana, el asesinato del Che, las dictaduras de Chile y Argentina, la Revolución nicaragüense… se concretan en una opción vital opuesta a cualquier tipo de explotación.

Me gustaría no terminar, seguir hablando contigo, pero también los relojes nos ganaron la partida, así que me despido de ti con unas palabras de Raquel:

[…] esta es la historia de un hombre que nunca renunció a empuñar las armas que de verdad sabía emplear, las palabras. Con ellas construyó, sin duda, un hombre nuevo que nace en cada uno de los lectores capaces de aceptar el juego que su literatura propone, un juego que, como todos, debe jugarse a fondo y con todas las consecuencias. Que la literatura y la vida no pueden separarse es uno de los aprendizajes que nos dejan sus libros y todos los textos que escribió como aportación al combate contra la deshumanización de un mundo que no estaba dispuesto a aceptar como el único posible.

 Te querremos siempre, Julio.

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