Sara Morante y su retrato de la Beltraneja

1604931_633270263401705_1123917392_nEl texto del libro de Juana la Beltraneja sobre la deconstrucción de su legitimidad lo recibimos en la editorial al caer el telón del 2013. Había que editarlo, pulirlo.

Dudas, elucubraciones, acusaciones fundadas o infundadas, maledicencias, intrigas palaciegas, secretos áulicos y conspiraciones en la Castilla de la guerra civil. Ese es el contexto en el que se desarrolla una trama que podía haber sido ideada por un guionista y que, sin embargo, fue real.

Después de trabajar codo con codo con el autor, el siguiente paso era diseñar las cubiertas.

Lo más conveniente era utilizar una imagen de la Beltraneja en la primera de cubierta, pero nos encontrábamos con el problema de ausencia de imágenes reales a excepción de algunas no demasiado atractivas. ¿Y si encargábamos un retrato?

Se nos ocurrió en Úbeda, en un bar del que colgaba un lienzo con una imagen  que pintaba a una Juana increíblemente bella.

¿Quién mejor para retratar a una reina que Sara Morante? Habíamos visto sus ilustraciones adornando otros libros en editoriales independientes a las que somos afines como Nórdica, Impedimenta, Contraseña…

@Sara_Morante se ha convertido en un referente del buen gusto y de calidad. Contactamos con ella y enseguida mostró su buena disposición. La elaboración de la cubierta fue todo un proceso de creación de los que dan sentido al oficio de editor. Después de trabajar con ella, yo me imagino a Sara Morante como “una maestra de brujo”, con su escoba/pincel dando toques de color al papel.

Nos pidió algunos datos sobre la personalidad de Juana y posibles rasgos físicos que pedimos al autor, pero apenas nos dio referencias dada su ausencia… Eso sí, le contamos las tesis que Óscar Villarroel revela en su libro.

Enrique IV, padre pusilánime, abúlico y voluble, jura a su hija como
legítima sin atreverse a nombrarla heredera, hasta que, presionado por la
nobleza afín a los Infantes, el 19 de septiembre de 1468 en la toma de los
Toros de Guisando anula todos los juramentos y nombramientos anteriores y,
por temor a dejar su linaje sin descendencia, nombra princesa legítima
heredera, y además primogénita, a Isabel, su hermana. A su hija Juana le
arrebata la legitimidad y la convierte, de paso, en la mujer que pudo
reinar.

La historia tuvo más entresijos, porque el rey volvió a legitimar a Juana,
presionado por el marqués de Villena, en la ceremonia de Val de Lozoya.
Entonces, ¿por qué no fue reina? La respuesta nos la da Óscar Villarroel en su Juana la Beltraneja.

La ilustradora, con su mágico pincel, nos ha dejado un retrato bello y sugerente de la Beltraneja, distinto al de otras cubiertas y, en nuestra opinión, especial. Revela el personaje a la perfección. Hemos querido acercar el trabajo de Sara Morante al lector y ella, amablemente, ha accedido a responder a nuestras preguntas.

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Sara Morante

Ante el lienzo en blanco… ¿cómo se te ocurrió teñirlo/pintarlo de negro?

Por un lado era una cuestión técnica, para conseguir el contraste entre el negro y la figura de Juana “la Beltraneja”, y estética, ya que en este retrato he jugado con sombras tratando de darle un aspecto lúgubre. Pero también he intentado reproducir esos retratos de la época, tan austeros y sobrios.

¿Qué te inspiró más a la hora de dibujar a Juana, más aún teniendo en cuenta de que no hay ningún retrato fiable de ella?

Buscaba un rostro particular, que se correspondiera con los rasgos físicos que encontré en óleos de la época, alejado de los cánones estéticos de hoy en día; un rostro “antiguo”. Sorprendentemente, lo encontré en un miembro de mi familia. Normalmente me invento las caras de los personajes que dibujo, salvo que sea un retrato que me encargan de una persona de carne y hueso. En el caso de la Beltraneja encontré una modelo en mi familia. Era demasiado bonito para rechazar la idea y, permiso concedido mediante, me inspiré en el rostro de esta persona para el retrato de Juana.

¿Hiciste algún boceto en el que apareciera “la otra” o siempre pensaste sólo en ella como una figura en la cubierta?

Sí, yo creo que sería un agravio para Juana obligarla a compartir espacio con Isabel. El libro trata su figura y sus circunstancias; los demás actores en esta historia son secundarios a la hora de plantear la ilustración de cubierta, crearían confusión, además. Están ella y esa corona desvaída, como un espectro.

Sabes retratar como nadie la psicología femenina, ¿te interesan los “tipos psicológicos”?

La figura humana me interesa mucho a la hora de dibujar. Presto especial atención a la figura femenina porque considero que es la mejor peana sobre la que tratar otros aspectos humanos, como son las emociones. La mujer está llena de contradicciones y eso la hace ser muy completa, y muy inspiradora para mí. Fuerza, vulnerabilidad, maternidad, pasión, dolor, agresividad y luego la belleza de la anatomía femenina, con todas sus imperfecciones. De momento no encuentro una plataforma mejor que esta para trabajar sobre las emociones humanas.

¿Qué pigmentos utilizaste? ¿Fue un retrato digital o mezclaste algún color en la paleta?

Suelo trabajar con acuarela, tinta y grafito para dibujar los rostros, pero para este retrato de Juana he empleado lápices acuarelables, ya que me interesaba colorear la piel y conseguir ese tono pálido, rosáceo, del rostro, y dar toques azulados debajo de sus ojos. Imagino que una guerra contra Isabel de Castilla tiene que proporcionar, como poco, ojeras. También me interesaba trabajar con esa paleta de colores en el rostro para reflejar la resignación y pérdida material y moral de Juana. El retrato lleva veladuras y capas de acuarela muy aguada que le dan un aspecto de óleo vetusto. Para poder prestar atención a los detalles del rostro o del vestido, suelo trabajar un formato muy grande, y eso me obliga a dibujar por partes y montar el dibujo final con el ordenador.

¿Es la primera vez que hacías una portada para una editorial de ensayo e historia?

Pues sí. Al principio la idea me intimidó un poco, ya que suelo trabajar más la ficción, pero la Beltraneja es un “personaje” con una vida muy particular, y eso es una fuente de ideas a la hora de plantear una cubierta. Aunque he de decir no es la primera vez que retrato a una reina. La anterior fue una reina danesa contemporánea a H. C. Andersen, e hizo un “cameo” en Los Zapatos Rojos.

Dentro de poco das un taller en Atticus Finch, ¿nos puedes adelantar algo?

Las fechas aún no están cerradas, pero creo que será en marzo. Me apetece muchísimo plantar mi campamento en Atticus-Finch porque es una librería que mima mucho la literatura ilustrada. Sobre el taller, seguramente plantee la autoedición de un pequeño libro de artista o libro ilustrado. Es un taller que he dado en dos ocasiones y ha funcionado muy bien, ya que no se precisa que los asistentes sepan dibujar o pintar como los ángeles, sino que quieran narrar una historia de forma gráfica y lo hacen valiéndose de fotografías o dibujos, a modo de collage o con la técnica que ellos prefieran. En este taller le doy especial importancia a la forma personal de contar algo, alejándonos un poco de la ilustración descriptiva. También se trabaja el planteamiento del espacio y del tiempo; organizando el número de páginas que vamos a emplear en función de la historia, siempre teniendo en cuenta la portada, contraportada y guardas. Es un pequeño ejercicio que yo hago siempre que empiezo a trabajar con un texto. Es didáctico, pero también, gracias a esa libertad con la que se trabaja, suelen surgir ideas muy buenas. Generalmente el fruto de este taller puede ser un libro de artista muy trabajado, o un prototipo que nos abra la ventana a un montón de posibilidades.

Mira que si te conviertes ahora en retratista real, como lo fuera Velázquez en su tiempo… ¿te animarías a hacer otras ilustraciones para ensayos sobre reinas… y reyes?

Las reinas y los reyes suelen tener vidas convulsas y nada aburridas. Eso es un manantial de inspiración para mí. No me intimidaría nada retratarlos. La respuesta es ¡sí!

 Cristina Pineda

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