Literatura e historia en la FIL (México)

Me dispongo a escribir la entrada de la semana. A lo mejor debería escribir sobre nuestra más reciente novedad (os remito desde aquí a la página de Sílex ediciones) pero voy a rendir homenaje a México ya que en este momento alberga la Feria Internacional de Guadalajara (FIL), que es uno de los grandes lugares de encuentro de los profesionales del libro a nivel internacional. Para muestra, las palabras de Mario Vargas Llosa, que alaban la feria “que crece y crece”. Habla también del libro “como instrumento para defendernos contra la adversidad”. Si bien, él se centra más en la literatura como necesidad; nosotros, como editorial de historia, también creemos en la historia como necesidad, sobre todo para ser capaces de ponernos en la piel de los otros y para mirar la vida con perspectiva.

En noviembre, de modo simbólico, se encontraron la literatura y la historia en el Premio Antonio de Sancha 2013, celebrado en Madrid y otorgado, precisamente, a Mario Vargas Llosa. Y si no, vean la foto en la que aparece el director de Sílex, y coordinador de la Comisión de las Pequeñas editoriales de Madrid, Ramiro Domínguez y el escritor.

Ramiro y Mario

Volvamos a México y a un libro que publicamos en el 2012 Aztecas-mexicas. El imperio de Mesoamérica de Raúl Pérez Portillo. En él, su autor Raúl Pérez López Portillo habla en un epígrafe de La mujer que tiene la falda de serpientes y el collar de corazones arrancados de las víctimas de los sacrificios, Coatlicue.

Felipe Solís en las páginas de nuestro libro la describe como una figura “que carece de cabeza y manos humanas, en su lugar se desplantan brutales cabezas de ofidios que se encuentran frente a frente creando la fantasía de un segundo rostro serpentino de la deidad, otras de sus partes se dirigen amenazantes al espectador sustituyendo las extremidades de la mujer”.

La leyenda nos cuenta que la vieja diosa de la Tierra Coatlicue lleva una vida de retiro. Un buen día, barriendo, se le metió una pluma en el vientre y se sintió embarazada. Sus hermanas La Luna Coyolxauhqui y las estrellas Centzonhuitznáhuac se enteran de su embarazo y, enfurecidas, deciden matarla. Coatlicue llora por su próximo fin, “pero el prodigio que estaba en su seno le hablaba y consolaba diciéndole que, en el preciso momento, él la defendería contra todos”. Cuando los enemigos llegan para sacrificar a su madre nace Huitzilopochtli y, con la serpiente de fuego corta la cabeza a la Luna y ahuyenta a las estrellas. Por eso cuando nace el dios tiene que combatir con los hermanos de la Coatlicue armado con la serpiente que es el rayo solar que todos los días los pone en fuga.

Su triunfo significa un nuevo día de vida para los hombres. Nuevos días que nos vean “crecer y crecer”.

Cristina Pineda

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